"El Hombre es síntesis del Universo, el Planeta es síntesis del Universo. Entre el Hombre y La Tierra hay el abrazo profundo, el cordón umbilical irrompible que puede haber entre el niño y la madre cuando el niño está en el claustro materno.

Si el cordón se rompe, el niño muere y la propia madre está también en peligro."

Félix Rodriguez de la Fuente

jueves, 25 de febrero de 2010

UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS LÍMITES...





Nos hemos sobrepasado y estamos yendo al colapso

Tomado de Koinonía. Juan Cejudo 22.02

Argumentos para mostrar la importancia y hasta la urgencia de adoptar un cambio tan profundo como el que el nuevo paradigma ecológico implica, hay muchos, de todo orden: científicos, filosóficos, y hasta religiosos. Pero hay uno, que es un argumento distinto, primero, obvio, contra el que no cabe más que aceptarlo, o estrellarse, y es el argumento físico: -los límites del crecimiento, un argumento material, nada teórico o ideológico.

No hace todavía 5 siglos que comprobamos (Magallanes, 1522) que estábamos en un planeta esférico: no en una superficie plana infinita. Pero, aunque teóricamente finito, en la práctica continuábamos considerándolo infinito, porque resultaba inabarcable, y nunca pudimos percibir que nuestros actos pudieran hacerle la menor mella. La Tierra era tan grande, y nosotros tan pequeños, que ella lo podía absorber todo, y siempre parecía quedar mucha «tierra virgen»…



Ha sido apenas hace menos de 40 años que un libro histórico, el Informe del Club de Roma, «Los límites del crecimiento», en 1972, lanzó a la humanidad un llamado de atención inédito: este planeta es finito, y hemos crecido tanto, que ya nos estamos acercando al tope que nos permiten sus límites. Siete millones de años llevaban los homínidos sobre este planeta, pero era la primera vez que el homo sapiens le descubría límites al planeta, casi tocándolos.



En 1992, veinte años después, el libro reunió nuevos datos y fue rehecho completamente, con nuevo título: - Más allá de los límites del crecimiento. Su tesis, su grito: no es que nos estemos pasando res-pecto a los límites del planeta… es que YA nos hemos sobrepasado, y estamos acercándonos al colap so.
Es un argumento nuevo, y contundente. Todo tiene un límite. Y este planeta también lo tiene. No sólo no es infinito, sino que, con lo que hemos crecido, se nos está haciendo pequeño, y dado el ritmo de crecimiento «exponencial» que llevamos, chocaremos muy pronto con los límites, y va a ser un desastre ecológico.

«Crecimiento exponencial»: el concepto clave

Solemos utilizar esa expresión para indicar un crecimiento «muy grande», pero el crecimiento exponencial, además de ser grande, tiene otra característica que suele ser desconocida: a partir de un cierto momento, crece tan rápidamente, que llega a su límite en un tiempo mínimo, como repentinamente.



Hay una antigua leyenda persa sobre un cortesano que ofrendó a su rey un bello tablero de ajedrez y le pidió que le diera a cambio un grano de arroz por el primer cuadro, el doble (2) por el segundo, el doble (4) por el tercero, y así sucesivamente. Sin más, el rey ordenó que le trajeran el arroz inmediatamente. El 4º cuadro suponía 8 granos, el décimo 512, el 15º 16.384, y el 21º representaba más de un millón de granos. Al llegar al 40º se trataba de un billón… No pudieron pagarle: no había suficiente arroz en el país.
En los primeros cuadros, la «duplicación» de cantidades pequeñas puede parecer pequeña. La curva del crecimiento comienza alzándose muy poco a poco, pero luego, en pocas nuevas «duplicaciones», la magnitud se hace astronómica, casi infinita, y resulta inabarcable: choca con el límite.

Así es el «crecimiento exponencial»: duplicación, nueva duplicación, y otra reduplicación…hasta que ya no cabe otra duplicación. Todos solemos pensar en forma lineal, imaginando un crecimiento «geométrico», proporcional, que mantiene constancia en el ritmo de crecimiento… Por eso la gente desconoce los riesgos del crecimiento cuando es «exponencial».

Supongamos un nenúfar en un estanque. La planta- duplica su tamaño cada día. Al principio es muy bello ver cómo la planta crece, parece que lentamente, y uno no se preocupa de ella… hasta que el día 28º, la planta ocupa ya la cuarta parte del estanque… ¿Qué pasará en los dos días siguientes? El día 29º llegará a ocupar la mitad del estanque, y el 30º lo tapará todo y acabará sofocando toda otra planta. Tres días antes del final ocupaba sólo la octava parte del estanque. Pero dado su «ritmo de duplicación» diaria, en los 3 últimos días, casi repentinamente, topa con el límite.



A principios del siglo XX, hace ahora 100 años, Filipinas tenía 6 millones de habitantes. La cifra se ha ido duplicando cada 20 años: de 6 a 12, a 24, a 48… En los años 80-90 sobrepasó los 70 millones. Para este año 2010 las cifras oficiales rondan los 100 millones. ¿Cuántas duplicaciones más podrán darse… antes de que el nenúfar ocupe todo el estanque?
Después de millones de años de homínidos sobre la tierra, la población humana del mundo alcanzó los 200 millones en tiempo del imperio romano. No se consiguió una duplicación hasta el siglo XII, luego otra en el XIX, y la siguiente al comenzar el siglo XX, siglo en el que la población mundial se ha multiplicado por cuatro… En 1999 alcanzamos los 6.000 millones de habitantes. Hoy (2009) so-mos ya 6.800. En 2050 alcanzaremos los 9.000 (¡un 50% más que en 2000!). Y ya se puede calcular cuándo nuestro crecimiento nos sofocará a nosotros mismos y a toda otra forma de vida en nuestro planeta estanque, porque parece que empezamos a estar muy cerca de esa fecha.
Como se pregunta Josep Iborra en esta misma -Agenda (p. 218) tal vez somos para este planeta una plaga, o un cáncer -células que se reproducen fuera de control-, aunque un cáncer especial, porque podría «caer en la cuenta», y autocontrolarse, y contraerse…



Muchas cosas crecen «exponencialmente»

El crecimiento exponencial de la población humana arrastra a otras magnitudes a crecer también exponencialmente, por ejemplo, el espacio físico que ocupa la urbanización, las ciudades que se hinchan hasta juntarse; la tierra cultivada para alimentar a esa población creciente, la tierra robada a los bosques (donde aún quedan); la extinción de la biodiversidad; la escasez del agua, por los regadíos, que constituyen la parte mayor del gasto creciente de este elemento; el consumo de energía, cuya mayor partida ya no es la de la industria sino la de los usos residenciales… y la emisión de CO2 a la atmósfera, que no sólo no cortamos, sino que continuamos aumentando a nivel mundial…



Hemos ocupado ya el 85% de la superficie del planeta…: ya no cabe otra duplicación, pues nos saldríamos del límite del estanque. Con este estilo de vida, y a este ritmo un «crecimiento» que ni concebimos que pueda cesar vamos al encuentro de la catástrofe final. Novaes (Agenda, pág. 28) da los datos: «Consumimos un 30% más de la capacidad de reposición del planeta. Nuestra huella ecológica se ha triplicado desde 1961». Es ya de 2,7 hectáreas por persona, por encima de la disponibilidad natu ral media, de 1,8 ha.



¿Hasta cuándo? ¿Cuándo decidiremos detenernos?

Pero, aunque lo decidiéramos, ¿podríamos detenernos? Podríamos dejar de quemar combustibles fósiles, dejar de emitir CO2, dejar de desperdiciar el agua, dejar de contaminar con el plástico (cada minuto se producen en el mundo un millón de bolsas de plástico), de gastar tanta energía… Sólo paralizándonos.
No podemos detenernos. Estamos en una pendiente cuesta abajo. Según previsiones de la ONU: a mediados de siglo, la exigencia humana sobre la naturaleza será dos veces superior a la capacidad de producción de la biosfera. Sólo un «milagro» podría salvarnos de la catástrofe hacia la que corremos: un «cambio de conciencia» que nos convenza de que debemos cambiar de estilo de vida. No hay otro camino.

«Desarrollo» no significa «crecimiento»

Son dos cosas distintas, que confundimos con frecuencia. Crecimiento significa aumento cuantitativo, de tamaño, de volumen, de gasto, de ingresos, de dinero… Desarrollo significa despliegue interior de nuevas dimensiones, potencialidades, calidades de vida. Después de que dejamos de crecer físicamente no dejamos de desarrollarnos como personas. El crecimiento tiene un tope cuantitativo. El desarrollo es ilimitado: un desarrollo ya sin crecimiento. Como nuestro planeta, que lleva 4500 años desarrollándose, sin crecer. Llegados al tope, estando incluso en algunos aspectos más allá de los límites del crecimiento, es necesario desarrollarnos sin crecer más físicamente, adaptándonos a nuestro nicho biológico planetario.



Hemos sobrepasado los límites. Nuestro ritmo de vida actual es insostenible. Nos lleva al colapso. Hay que empeñarse en desacelerar, y en retroceder. La solución de la pobreza en el mundo, el crecimiento de los que aún lo necesitan, no se va a conseguir por la vía actual (el nunca realizado «efecto cascada»: crecimiento para los ricos, para que se derrame hasta los pobres). A la pobreza y a la injusticia debe hacérseles frente, no con más crecimiento (más de lo mismo) sino con desarrollo humano y social, con un cambio de conciencia, de calidad humana, con más equidad, a la vez que contraemos la economía material y detenemos el desastre que ya llevamos tiempo gestando.

Una sociedad sostenible aún es técnicamente posible, y es mejor que una sociedad en constante expansión material. Decrecer cuantitativamente (cfr. Surroca, -Agenda, 214) y desarrollarnos cualitativamente: la única solución. Porque todo tiene un límite.

Cfr. MEADOWS-RANDERS, -Más allá de los límites del crecimiento, El País-Aguilar, Buenos Aires - México - Madrid 1992



http://gerenaverde.blogspot.com/

4 comentarios:

José Manuel Martínez Limia dijo...

Pues sí. El informe de Roma es ya antiguo, así que yo creo que nosotros no pararemos, nos parará, por la fuerza, algo.

Puede que sea lamentable, pero es así. Cuando una especie sobrepasa la capacidad de su nicho ecológico para mantenerla ese nicho ecológico la devuelve cruelmente a la realidad. El único problema es que el nicho ecológico del homo sapiens sapiens (que manda cojones, también se lució el del nombrecito) es todo el planeta en su conjunto. Nos creemos semidioses. Pero tiempo al tiempo.

Saludos.

Esther dijo...

A veces, me pregunto si el progreso de la Ciencia ha sido positivo o negativo sobre el destino de la Humanidad y de nuestro planeta. En sus comienzos, cuanto más se descubre y se avanza, más daño puede hacer sobre la Tierra, creyéndose la especie humana superior y dominante. Y con el paso del tiempo, cuanto más se profundiza en ella, más se descubre el hombre a sí mismo, sintiéndose vulnerable y dominado por la propia Naturaleza.

Le debería haber llegado al ser humano la inteligencia junto a un manual de instrucciones pues me da la impresión de que, en ocasiones, esta herramienta se le resiste.

Muy buena tu entrada para reflexionar, Kini. Además, me ha gustado recordar ese cuento del arroz y del ajedrez que hace tiempo escuché!

Muchos besos y no abuses de los puntos suspensivos...

Mª JOSE dijo...

Estamos destruyendo el planeta y parece que no nos demos ni cuenta, la disminución de los recursos naturales y el auge de la contaminación y las modificaciones en el sistema climático generados por el hombre hacen que la superficie habitable de la tierra sea cada vez memor."Los datos son alarmantes" se prevé que la población seguirá creciendo hasta llegar al doble de lo que es hoy y, para entoces la tierra habitable será la mitad de lo que es actualmente, con el lenguaje claro, contudente y políticamente incorrecto que la caracteriza hay que lanzar un grito de guerra para que tomemos conciencia de los males que asolan la tierra antes que sea demasiado tarde.

Saludos.

morete dijo...

La triste verdad es que el progreso que tanto desean algunos, con las ansias de conocer más cosas, de descubirir más cosas, será desgraciadamente nuestro fin, porque nos estamos destruyendo poco a poco, y lo peor de todo, es que lo sabemos y no hacemos nada.
Moraleja: El ser humano es el animal más destructor de la tierra.